Desde Medellín hasta una base en las montañas de Ituango, una madre cabeza de hogar emprendió un viaje impulsado por el amor y el orgullo para abrazar a su hijo , un joven soldado que cumple la misión en el departamento de Antioquia.
Aunque la misión no siempre permite estar en casa durante las fiestas de fin de año, hay abrazos que encuentran la manera de llegar hasta donde el deber llama. Así ocurrió con el soldado Juan Sebastián Durango Bertel, de 18 años, oriundo de Medellín, quien presta su servicio militar en el Batallón de Infantería N.º 10 Coronel Atanasio Girardot, y recibió una sorpresa que quedará marcada para siempre en su memoria.
Hasta la base militar San Juan de Rodas, en el municipio de Ituango, norte de Antioquia, llegó su madre, la señora Karen Durango, una mujer trabajadora, cabeza de hogar, que desde hace más de 10 años conduce un taxi en Medellín y, con esfuerzo y disciplina, ha logrado sacar adelante a sus cinco hijos. Su historia, como la de muchos colombianos, es la de levantarse cada día sin excusas, enfrentar las dificultades con valentía y no rendirse jamás.
Acompañada por los comandantes de la Cuarta Brigada y la Séptima División, y con el apoyo de la Aviación del Ejército, Karen pudo llegar hasta este punto estratégico que custodia el proyecto de Hidroituango, para regalarle a su hijo algo más valioso que cualquier obsequio: un abrazo cargado de amor, orgullo y fortaleza.
Juan Sebastián lleva apenas cinco meses prestando su servicio militar y esta es la primera vez que no podrá compartir las fiestas decembrinas en su hogar. Sin embargo, ese breve encuentro fue suficiente para llenar de alegría a una familia antioqueña y para demostrar que, incluso en los lugares más apartados, el amor y el acompañamiento siempre encuentran camino.
Visiblemente conmovida, Karen confesó que la ausencia de su hijo se siente en casa, donde lo esperan sus otros cuatro hijos, pero que el orgullo supera cualquier nostalgia. “Mi hijo está sirviendo a la Patria”, expresó, con la satisfacción de saber que su sacrificio y el de Juan Sebastián permiten que miles de colombianos reciban el Año Nuevo en tranquilidad y seguridad.
Por su parte, el joven soldado agradeció al Ejército Nacional por las oportunidades recibidas y por hacer posible este reencuentro, que le permitió despedir el año junto a su madre y sus cursos, fortaleciendo su vocación de servicio.
La historia de Karen y Juan Sebastián es una muestra del empuje, la berraquera y el talante colombiano, ese que se forja en el trabajo honesto, en el amor de familia y en el compromiso con el país. Una historia donde el sacrificio de una madre y la decisión de un hijo se encuentran para recordarnos que servir a Colombia también se hace con el corazón.